Madrid, 28 de julio de 2020.- El mundo, la sociedad y sus actores principales se han reseteado con la irrupción de la Covid-19, que ha provocado una de las mayores crisis del último siglo: rebajas sin precedentes en las previsiones de resultados en empresas, caídas cataclísmicas en bolsa, interrupción de las cadenas de suministro, impactos en el entorno laboral nunca vistos…

Los representantes empresariales y políticos están de acuerdo que la clave para la recuperación está en la confianza. Para ello, como dice Larry Fink, Presidente de Blackrock “Las empresas con propósito social fueron consecuentes durante Covid-19 y pudieron actuar rápido para ayudar. Las empresas que no tenían propósito probablemente lo hayan encontrado.”

Una gran parte de las organizaciones empresariales han reconocido que han innovado más entre febrero y julio de 2020 que en el lustro anterior. Otras, han acelerado su transformación digital alcanzando objetivos de digitalización con tres años de antelación a lo previsto. Todo se ha vuelto vertiginoso y los cambios se han acumulado unos sobre otros.

Pero todo lo que sucede en el planeta se caracteriza porque se produce en ciclos. Esta situación no es diferente. Después de la aceleración debe darse una fase de desaceleración y reflexión para permitir una readaptación a la nueva realidad. Después de los desajustes hay que comprobar que todo vuelve a encajar. Igual que la tripulación de un barco, después de una tempestad, comprueba los daños y realiza las reparaciones y ajustes necesarios, incluido el timón, es el momento de que las empresas comprueben que todo se ajusta, incluido el Propósito Corporativo, que actúa a modo de timón de la compañía y constituye la base de la confianza de todos los stakeholders hacia la organización.

Muchas cosas han cambiado y ello ha provocado desviaciones en el rumbo. Es momento de medir si el Propósito Corporativo del que habla Fink está sintonizado con ese nuevo rumbo. Si las prioridades en las relaciones con los diferentes grupos de interés siguen siendo las mismas o han evolucionado. Si las asignaciones presupuestarias deben mantenerse o racionalizarse de acuerdo con nuevas repriorizaciones. Es hora de reconstruir y construir certezas, que son la base de la confianza. Y hay que hacerlo de forma ágil y eficaz, porque no sabemos cuándo llegará un nuevo ciclo tempestuoso. Lo que está claro es que para entonces debemos haber revisado y ajustado el Propósito Corporativo en el que se asienta la confianza de nuestros grupos de interés. Es lo que nos hará resistir los próximos embates críticos.

Es lo que, en Villafañe & Asociados, hemos denominado Propósito Tras Pandemia (PTP): una combinación de metodologías que permite, en cuestión de dos meses, definir y afinar el Propósito Corporativo después del primer gran impacto de la pandemia, readaptar la estrategia de posicionamiento de la compañía y crear las líneas de actuación en materia de mejora reputacional. Para ello, en primer lugar, se realiza un análisis de contexto en entornos globales, sectoriales y en la propia organización empresarial, a lo que se suman consultas con stakeholders clave que permiten aclarar necesidades, expectativas y demandas. De todo ello, emanan los planes de acción mutistakeholder de cara a la sintonización del Propósito Corporativo con el rumbo empresarial. A partir de este momento podemos tener la certeza de que estamos creando, de nuevo, confianza entre nuestros grupos de interés.