redes_sociales_imagenEl caso de la reputación de Uber, que venía empeorando en los últimos meses a pasos agigantados y que terminó este verano con la dimisión de su antiguo CEO y fundador, Travis Kalanick, pone en evidencia el vínculo que existe entre el comportamiento de un líder -incluso en su vida privada- y el sentimiento que desarrolla la gente sobre la empresa que dirige.

Por el contrario, no parece tan evidente que el comportamiento de un empleado anónimo pueda ocasionar un daño reputacional a la empresa en la que trabaja y, sin embargo, ayer vimos un ejemplo de que es un riesgo real.

 

Cada uno de nosotros, tanto en nuestra vida privada como en la profesional, nos estamos labrando una reputación en cada momento con lo que hacemos y decimos, seamos conscientes de ello o no. Además, hoy en día, casi todos tenemos un altavoz al mundo al alcance de la mano a través de las redes sociales. Podemos emitir una opinión en cuestión de segundos. Quizá pensemos que sólo lo leerán unos cuantos contactos, pero olvidamos que tiene la capacidad de hacerse viral en minutos y saltar a los medios de comunicación. Y tendemos a restar importancia o poner poco cuidado con las cosas que publicamos ahí.

Eso es precisamente lo que le ocurrió ayer a una trabajadora de la empresa tasadora Tinsa, que no tuvo el menor reparo en verter un comentario injurioso en Facebook contra la diputada de Ciudadanos Inés Arrimadas, a la que deseaba una “violación en grupo”.

Hoy, toda España conoce su nombre y su cara, ya que su fotografía se distribuyó por todos los medios de comunicación. Un único comentario, quiero suponer que en un momento de “calentón”, le ha costado el despido fulminante de la empresa en la que trabajaba, además de que se enfrentará a la denuncia que la política catalana ya ha anunciado que impondrá.

Desde mi punto de vista, la decisión que tomó la compañía de someter a la empleada a un despido disciplinario y emitir un comunicado de prensa anunciándolo es muy acertada, además de la rapidez con la que actuó. Porque ninguna marca puede permitirse asociar su buen nombre a un trabajador que decide mostrar un comportamiento radical y puede que hasta delictivo en las redes sociales, generando así un escándalo nacional.

Aún no está claro si es lícito que este tipo de actuaciones puedan ser motivo de acciones disciplinarias por parte de las empresas. Lo que sí parece necesario es que las compañías incluyan este tipo de situaciones en su código ético, de tal forma que si cualquier trabajador lo incumple, pueda ser sancionado.

Y en cuanto a la reputación de esta mujer, lamentablemente para ella ha quedado dañada al menos durante unos cuantos años, porque es probable que ninguna empresa quiera verse relacionada con la autora de tan repulsivo comentario.

Estefanía Campos

Estefanía Campos

Especialista en: comunicación externa // comunicación interna // comunicación online // comunicación reputacional // comunicación financiera // comunicación de crisis.

Lo que hace que yo sea yo: la creación artística en sus múltiples facetas // tocar el piano // practicar diferentes estilos de baile // pintar mientras escucho música clásica // practicar el DIY para relajarme // trabajar activamente para mejorar y crecer como persona.

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