A medida que las startups van ganando dimensión e influencia, la opinión pública les plantea nuevos desafíos reputacionales

Axel Dávila

Las startups han revolucionado el escenario empresarial. Según un estudio sobre transformación de la industria, difundido por EAE Business School  Y ‘The Innova Room’, las grandes empresas se caracterizan por: operar en un modelo de negocio enfocado en la maximización de resultados, la disminución del riesgo y con el foco especialmente puesto en la transformación; mientras que: las startups se diferencian por su agilidad y la alta capacidad de asumir riesgos. Las pequeñas empresas emergentes son consideradas como ‘Davids’ que buscan con enorme dinamismo y flexibilidad condicionar los modelos empresariales tradicionales que, por lo menos hasta ahora, parecían protagonizar los ‘Goliats’.

Slideshare EAE/The Innova Room Business School_Economía colaborativa

 

Es tal la dimensión que ha adquirido este nuevo modelo de start-up en los últimos años, que incluso ya abarca nuevas subcategorías. La economía colaborativa es una de ellas.

Este modelo de empresa –basada en la colaboración entre distintas partes que cubren una necesidad común—, fue acuñado en 2007, justo antes del nacimiento de Uber, considerada la primera startup basada en la colaboración.

Desde entonces y hasta ahora, han nacido nuevas compañías de características similares, basadas en la fórmula win-win, que ofrecen servicios disruptivos basados en la confianza. Alojarse en una vivienda ajena o transportarte en un vehículo de una persona desconocida se han convertido en hábitos normalizados en la sociedad. Startups como Cabify, BlaBlaCar, Airbnb o DogBuddy, entre otras, han alcanzado un rotundo éxito y ovación por parte de la opinión pública. Estas compañías han alterado notablemente ese orden tradicional y se han consolidado como nuevo paradigma social y económico.

Han pasado diez años desde el comienzo de las economías colaborativas y el balance no deja indiferente. Hoy, estas empresas como Uber, BlaBlaCar o Airbnb, ya no tienen la categoría de ‘emergentes’. Es más, han cobrado tanta influencia que su reputación se aproxima a operar en la misma categoría que las empresas tradicionales. Un hecho que, lógicamente, desprende nuevos desafíos. Uno de ellos es que la opinión pública ya ha normalizado el funcionamiento de las economías colaborativas y, en paralelo, ha incrementado su nivel de exigencia sobre éstas.

Un caso muy conocido es la campaña #DeleteUber que protagonizó en 2017 un grupo de ciudadanos pidiendo más transparencia y ética a la empresa. Dos elementos inapreciables en los inicios de la compañía y que hoy, forman parte, de los cimientos de su discurso.

¿Cuáles son los retos en reputación de las economías colaborativas? En Villafañe & Asociados llevamos veinte años midiendo y gestionando la reputación de las grandes empresas de España y de algunos países de Latinoamérica y, en base a los resultados de los últimos estudios, nos hemos propuesto comparar las características reputacionales de las empresas tradicionales frente a las startups basadas en la economía colaborativa.

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Hoy más que nunca, la gestión de la reputación requiere identificar los grupos de interés de la compañía y entender sus expectativas para, así, poder satisfacerlas. Más aún en un contexto marcado por la presencia de nuevas generaciones con hábitos de consumo diferentes y cada vez más fuerzas y tendencias disruptivas, que exigen flexibilidad y adaptación.

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