Las compañías avanzan en la incorporación de la figura del Director de cumplimiento normativo; un activo estratégico de gran valor para la reputación de las empresas

Miren Díaz, Gerente de Consultoría

En el último año, hemos escuchado hablar en infinitas ocasiones sobre la relevancia que ha adquirido la figura del Compliance Officer, responsable de supervisar el funcionamiento de la empresa de acuerdo a las normativas que aplican a su empresa y su sector. Su gestión, lleva implícita la de impulsar el buen gobierno corporativo y cumplir con los códigos éticos, de conducta, así como con los estánderes de aplicación tanto obligatorios como voluntarios para la compañía.

El impulsor de esta figura, fue la entrada vigor hace tres años del artículo 31 bis. en el Código Penal 15/2015. Una ley que por primera vez introduce el concepto de responsabilidad penal también para las empresas. Convirtiendose así, el actual Código, en el princial estándar del Compromiso ético de las organizaciones y de sus directivos.

Posteriormente, el regulador y los supervisores impulsaron una serie de recomendaciones complementarias, dando pie a la configuración de un   nuevo modelo organizativo en las empresas, el Complience. Pese a estar en constante evolución, bajo mi punto de vista, el Compliance, entre otros cometidos, responde a la necesidad de orientar el funcionamiento de una organización hacia el comportamiento ético en los negocios, para salvaguardar el buen hacer de la empresas y sus líderes y proteger así la reputación y el buen crédito de las compañías. Y este hecho afecta sin excepción a todo tipo de organizaciones, independientemente de la naturaleza del negocio, tamaño y sector.

Por lo tanto, el Compliance Officer, se convierte en un valioso activo que a través de una gestión profesionalizada, puede contribuir fuertemente a generar mejores resultados y valor reputacional para la organización. Así lo ponen de manifiesto, diversos estudios que revelan la existencia de una correlación entre el comportamiento ético y la responsabilidad de una empresa y su nivel de rentabilidad a medio y largo plazo. Por ejemplo, se ha comprobado cómo las empresas que figuran en la lista del World´s Most Ethical Companies alcanzan un retorno del 35% mayor que otros índices de referencia como el S&P 500 y presentan una capitalización bursátil superior (+4,88%) frente a las US Large Cap Index.

El compromiso responsable y ético es un valor empresarial que afecta tanto al desemepeño corporativo, como al reconocimiento que tienen sus stakeholders. Es decir, impacta en los dos ámbitos clave de la gestión de la reputación corporativa, la cual su gestión, persigue el objetivo de poner en valor lo que la empresa hace bien, a través del reconocimiento de sus stakeholders, tal y como recuerda el presidente de la firma, Justo Villafañe, en su artículo ‘el efecto Van Gogh’. Para ello, el Compliance Officer se apoya en diferentes herramienta que le ayudan a ofrecer orientación y recursos a los empleados para que realicen su operativa acorde a la normativa interna y evitar así que se incurra en cualquier acción que suponga un riesgo legal o reputacional para la compañía. En este sentido, el mapa de riesgos reputacionales, es uno de los instrumentos más efectivos para predecir situaciones de alerta grave, que puedan llegar a tambalear la confianza de los grupos de interés, y tener un impacto negativo en el negocio.

Fuente: Metodología del riesgos reputacionales. Villafañe & Asociados Consultores

Por ello, la intervención de un Compliance Officer en el mapa de riesgos reputacionales de una compañía es primordial en cada una de las siguientes fases que componen la metodología de Villafañe & Asociados, para establecer:

  1. La identificación de los principales riesgos reputacionales a los que está expuesta la compañía.
  2. La valoración de los riesgos relacionada con la probabilidad de ocurrencia, impacto económico y tolerancia al riesgo.
  3. La gestión de los riesgos a través de un plan de prevención, sensibilización y control del mismo.

En definitiva, estamos ante un nuevo escenario para el Compliance Officer. Un valioso activo reputacional que, al integrar en su operativa diaria un enfoque de gestión de la reputación corporativa y contar con las herramientas más adecuadas para profesionalizar su misión, se convierte en un figura estratégica de gran valor para la compañía.