Hay corredores de fondo que ganan competiciones sin necesidad de salir de la oficina. Que consiguen medallas llevando camisa de algodón y americana. Que entrenan su materia gris frente a dispositivos móviles ubicuos. ¿Los reconocen? Son los corredores del mundo corporativo, gente que, en lugar de recorrer kilómetros, recorre horas intentando que sus respectivas compañías avancen ante la quietud de su reposapiés ergonómico. Ni una gota de sudor sobre el teclado que evidencie el esfuerzo realizado, ni palmaditas sobre la espalda que reconozcan la capacidad puesta nuevamente a prueba para batir sus propias marcas.

Extrapolando esta analogía al terreno de la reputación corporativa, observamos el sinfín de competiciones que premian y reconocen el desempeño de las compañías y líderes, así como los compromisos cumplidos con sus principales públicos. Ante esta abrumadora propuesta de reconocimientos en todas las categorías y sectores imaginables, lo realmente difícil no es tanto obtener la victoria, como saber elegir aquellas contiendas que mejor se adecuan a la estrategia de la compañía y que finalmente aporte valor ante sus grupos de interés.

Es especialmente notorio que muchos de estos rankings y premios se han convertido en herramientas influyentes dentro de los ámbitos económico y empresarial a nivel global. Hay compañías que evalúan a sus directivos, como auténticos corredores de fondo, según la posición obtenida en determinados rankings o índices, e incluso, analistas e inversores que los toman como referencia para valorar si es conveniente invertir o no en una determinada empresa.

Reconozcamos que no surte el mismo efecto que la propia empresa se añada el calificativo de la más reputada, las más sostenible, la más transparente o la que mejor gestiona el gobierno corporativo o el talento, a que un tercero lo afirme y lo certifique. Siempre es mejor que una fuente validada premie tu desempeño. Por esta razón, muchas organizaciones invierten cada vez más tiempo y recursos en ser reconocidas en algunos rankings y premios sin, muchas veces, detenerse a evaluar si reúnen o no los requisitos para su candidatura, y – lo más importante- si este reconocimiento está alineado con su posicionamiento estratégico.

En estos casos, lo recomendado es intentar que el premio, ranking, certificación o índice que lo sostenga, sea una fuente creíble y prestigiosa. Por esto, es necesario contar con un conocimiento previo de la metodología e impacto de estos monitores a nivel corporativo y ante sus principales grupos de interés, para determinar si vale la pena invertir esfuerzo en aparecer en él y, sobre todo, si el hecho de ser reconocido aporta valor a la organización.

En definitiva, en el mundo corporativo, al igual que en la alta competición, el esfuerzo se refleja en resultados, y éstos, en reconocimiento. La clave radica en tener una estrategia de reconocimiento, alineada a la de negocio y, por supuesto, en saber elegir nuestras propias maratones.

Lissette Horta González,

Directora de consultoría de Villafañe & Asociados Consultores

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